Como ustedes muy bien se imaginarán, vivo esta celebración, de alguna manera, como algo muy íntimo, tan ligada está la Asociación a mi vida, tanto le he dado y tanto me ha dado.
Si es cierto aquello de que "Por mis obras me conoceréis", creo que la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes es un testimonio vivo de lo que -a lo largo de siete décadas y media- hombres y mujeres comprometidos con nuestro país hemos hecho por nuestro Museo.
Sin embargo, no quisiera detenerme ya en lo realizado, nada podría agregar a lo que tan generosamente han señalado quienes hablaron antes de mi, y a quienes agradezco sinceramente. Quisiera dedicarme un momento, en cambio, a reflexionar sobre el futuro.
Siempre he considerado que los museos poseen una función eminentemente educativa. Muchos de ustedes me habrán oído decir que sin educación, el pais no tiene futuro. Por eso creo que tenemos que trabajar para atraer a las nuevas generaciones, para lograr que el arte llegue a más y más personas, y para transmitirles la idea de que la mejor manera de preservar nuestro legado cultural es protegerlo y estudiarlo.
Debemos comprometernos seriamente como parte de la sociedad civil en la conservación del patrimonio artístico. Debemos trabajar para fortalecer el renacimiento de la participación comunitaria en la vida y en el destino de nuestro querido Museo Nacional de Bellas Artes.
Desde la Asociación tenemos que alentar la idea inclusiva de la cultura, en un país excluyente. No hay modelo de desarrollo, regimen de gobierno, instituciones financieras o de mercado, con suficientes recursos para rescatar a una sociedad sin valores, sin propósitos, sin sueños, sin compasión, sin generosidad, sin voluntad, sin memoria, y sin profundas creencias, más allá de un presente inmediato.
Para lograrlo debemos trabajar muy especialmente con los más jóvenes.
Como lo he dicho infinidad de veces, una de mis preocupaciones ha sido siempre educar por el arte.
Pues bien, así como hace 75 años los coleccionistas, que en buena medida dieron el impulso creador a esta Asociación, sentían que cumplían un deber patriótico en la formación y el ensanchamiento de sus colecciones, en varios casos con la explícita intención de comprar obras para dotar a su país de las manifestaciones artísticas que le estaban faltando, hoy creo que la misión de quienes seguimos su camino es preservar ese legado, acrecentarlo, y ayudar a crear conciencia en la sociedad de que no hay futuro sin pasado y sin memoria.
No quisiera despedirme sin antes destacar el apoyo inestimable de la Comisión Directiva que me acompaña en la gestión del día a día y me brinda toda su confianza y afecto, que valoro profundamente, y del personal estable de la Asociación, pequeño en número pero grande en colaboración, en eficiencia y en compromiso: ellos también son parte del destino de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes.
>> Palabras del artista Guillermo Roux
>> Fotos del acto |