La Asociación Amigos reconoce sus orígenes en un grupo de entusiastas precursores interesados en la idea de fundar una "sociedad" que ayudara al Museo Nacional de Bellas Artes y colaborara en promover y en acrecentar sus colecciones. Así, el jueves 22 de octubre de 1931, nació la Sociedad Amigos del Museo.

 

Desde aquella acción fundadora hasta hoy se ha recorrido un largo camino. Sin embargo, cabe destacar algunos de los muchos momentos que jalonan la historia de la actual Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes.

Ocho años después de su fundación, en 1939, la Sociedad Amigos del Museo era presidida por el Doctor Rafael Augusto Bullrich, a quien acompañaba como Vicepresidente el Doctor Alfredo González Garaño. Las reuniones de la Sociedad se realizaban en el propio Museo Nacional de Bellas Artes y en domicilios particulares.

La actividad se circunscribía al dictado de conferencias, la captación de socios, la realización de exposiciones y la adquisición de obras de arte. Esto último solía concretarse a través de colectas, como la que realizó el Doctor Bullrich para adquirir la obra Diego Martelli de Edgar Degas. En 1984 la obra participó en la retrospectiva del aritsta, que tuvo lugar en el Centro Cultural del Marais, en París.

La pintura de Degas fue considerada una de las más representativas de aquella exposición y fue la elegida para ilustrar el afiche promocional. París se vio por aquellos días empapelada con la imagen de una obra que es patrimonio cultural argentino.

El 16 de octubre de 1961 la institución obtuvo personería jurídica y pudo comenzar a actuar como entidad civil sin fines de lucro, sustentada en un cuerpo legal coherente que le permite recibir subsidios oficiales, abrir cuentas corrientes bancarias, celebrar contratos, rubricar sus libros y llevar a cabo diferentes tipos de gestiones, todas dirigidas a jerarquizar sus habituales tareas. El control estatal confirió a la Asociación un rango gracias al cual resulta más sencillo desarrollar las acciones tendientes a cumplir sus objetivos, perfectamente sintetizados en el artículo 1 de su estatuto:

"Allegar su concurso moral y pecuniario al Museo Nacional de Bellas Artes, con el fin de enriquecer sus colecciones y secundar la acción oficial para el mejor desarrollo del arte; organizar conferencias, exposiciones temporarias, editar libros y catálogos, reproducciones de obras de arte y de una manera general concurrir a todos los medios de acción con el fin de alcanzar los objetivos enunciados en el apartado anterior y desarrollar el sentimiento artístico social".

Cabe señalar que, desde 1995, la Asociación ejerce la presidencia de la Federación Argentina de Amigos de Museos (FADAM). Esta entidad agrupa a las asociaciones de amigos de Museos de todo el país y tiene como tarea fundamental la de contribuir a preservar, conservar y dar a conocer el patrimonio cultural histórico, artístico y científico de la Argentina. Hoy, la Federación cuenta con cien asociaciones federadas y, a su vez, integra la Federación Mundial de Amigos de los Museos (FMAM) y forma parte de su Consejo de Administración. Desde 1997, la Señora Nelly Arrieta de Blaquier ejerce la vicepresidencia por América del Sur.

 
 

Agradecemos a nuestros Socios que con su esfuerzo posibilitan y contribuyen al desarrollo del Museo Nacional de Bellas Artes. [ + ]

     
 


En un emotivo acto se festejaron siete décadas y media de trayectoria de la entidad,
fundada el 22 de octubre de 1931.

El secretario de Cultura de la Nación, Dr. José Nun, el director nacional de Patrimonio y Museos, Dr. Américo Castilla, la presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes, Prof. Rosa María Ravera, el artista Guillermo Roux, el crítico Jorge López Anaya y el director del MNAD, Arq. Alberto Bellucci, rindieron homenaje a una institución que dedica sus esfuerzos en favor del sostenimiento, desarrollo y expansión del MNBA

>> Palabras de Nelly Arrieta de Blaquier

>> Palabras del artista Guillermo Roux

>> Fotos del acto
 

El Museo salió en busca de amigos...
y los encontró


Gentileza: Fundación Espigas
 
     
 
"Lo malo de contar una historia de larga data es que uno olvida muchos detalles. Y sin detalles todo pierde sabor y hasta sentido", decía Victoria Ocampo en 1966, al festejar los 35 años de la revista Sur. ¿Qué decir entonces de una historia de 75 años, período que, en un país como el nuestro, parece una eternidad? Muchos detalles de estas siete décadas y media, ciertamente, quedaron en el camino. Hay algunos claroscuros que resulta difícil reconstruir. Pero en su conjunto, la historia de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes cobra sentido a la luz del fiel cumplimiento de su mandato fundacional. Sin duda, aquellas mentes preclaras hoy estarían conformes con la tarea realizada y con la forma en que sus sucesores cumplieron con lo que ellos soñaron como finalidades de la llamada, en sus inicios, Asociación Amigos del Museo:

Artículo 1º: Allegar su concurso moral y pecuniario con el fin de enriquecer las colecciones del Museo y secundar la acción oficial para el mejor desarrollo del arte ;

Artículo 2º: Organizar conferencias, exposiciones temporarias o permanentes y de una manera general recurrir a todos los medios de acción con el fin de alcanzar los objetivos enunciados en el artículo anterior y de desarrollar el sentimiento artístico social .

 
     
 
Siete décadas y media después, la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes es una de las ONG de la cultura más importantes del país, con alrededor de mil asociados y aportes fundamentales al Museo en el aspecto edilicio, en el cuidado y enriquecimiento del acervo patrimonial y en el desarrollo de una sólida acción cultural.
 
Los inicios. Aquel jueves 22 de octubre de 1931 en el mundo se presagiaban cambios. Había despuntado una década que culminaría con el estallido de la Segunda Guerra Mundial.  La Argentina del progreso indefinido soñado por la Generación del Ochenta empezaba a comprender –todavía tibiamente- que  la bonanza no duraría para siempre.

Al calor de la prosperidad de las primeras décadas del siglo, los porteños habían consolidado un fuerte placer por la compra de obras de arte y se habían formado importantes colecciones, algunas de las cuales, como las de Adriano E. Rossi y José Prudencio Guerrico, fueron la base del Museo Nacional de Bellas Artes, abierto al público en 1896.   Paralelamente, la proliferación de galerías y salones de exposición, significaron un impulso notable para el desarrollo artístico argentino. En este contexto de efervescencia cultural nacería la Asociación, fruto del sueño de un puñado de visionarios y a partir de un consenso que unificó las iniciativas del doctor Cupertino del Campo, ex director del Museo, y Francisco Llobet, por entonces director general de Bellas Artes.
 
  Francisco Llobet

  Cupertino del Campo

La Comisión Directiva de la entidad naciente quedó constituída por Eduardo J. Bullrich, Ramón Mendez,  Rafael A. Bullrich, Ignacio Pirovano, Luis María Carreras Saavedra, Alejo González Garaño, Eduardo M. Lanús, Mrs. Robert Wood Bliss, Elena Sansinena de Elizalde, Mercedes Santamarina, Matías Errázuriz, Alfredo Colmo, Cupertino del Campo, Carlos Madariaga, Almte. Juan M. Martín, Antonio Santamarina, Alberto Gowland, Luis García Lawson, Gustavo Pueyrredón, Raúl Monsegur, Enrique Bullrich y Alfredo González Garaño.

Propósitos comunes. En el discurso con que dejó abierta la asamblea, Francisco Llobet expresó los motivos que inspiraron la fundación. Así lo consigna el diario La Nación en su edición del 23 de octubre de 1931: "Hace algunos años un grupo de personas amantes del arte tuvo la iniciativa de formar una asociación con el fin de prestar su concurso moral y pecuniario para el enriquecimiento de las colecciones de nuestro Museo Nacional de Bellas Artes. Aquella Sociedad Amigos del Museo, que no llegó a caracterizarse en ese entonces, trata ahora de reconstruirse con los mismos bríos y anhelos. Simultáneamente, el Rotary Club de Buenos Aires, por intermedio de uno de sus distinguidos asociados, el doctor Cupertino del Campo, ex director del Museo, ha lanzado una iniciativa análoga a la que silenciosamente se formaba por el grupo de personas mencionado. Conocidos por ambas partes estos iguales propósitos, trataron de inmediato de ponerse de acuerdo, refundirse y unificar la iniciativa".

Al terminar su breve discurso, dijo el doctor Llobet: "Como director general de Bellas Artes los saludo y hago votos para que los frutos de vuestra acción sean tan fecundos como los similares en su género del extranjero: por ejemplo la sociedad Des Amis du Louvre, tan benemérita y a cuya generosidad y buen tino se deben legados cuantiosos, como las colecciones famosas del conde de Camondo, Thiers, Chauchard, Lacaze, etc" . Eduardo J. Bullrich presidió aquella primera comisión directiva, y los amigos del Museo comenzaron a trabajar en dos temas que serían una constante a lo largo de las siguientes décadas: la difusión artística y la acción docente. Ya en 1933, bajo los auspicios de la Asociación, se realizó la exposición "Un siglo de pintura francesa", seguida de numerosas muestras de colecciones privadas que se pusieron por primera vez al alcance del público en general. Entre los coleccionistas que colaboraron con sus piezas estaban Francisco Llobet, Rafael A. Bullrich, Alfredo González Garaño, Mercedes Guerrico, Atilio Larco, Antonio Santamarina y Matías Errázuriz.

Cupertino del Campo, Francisco Llobet y Elena Sansinena de Elizalde,
impulsores de la creación de la Asociación Amigos
del Museo, en 1931




Estudio del Dr. Francisco Llobet,
donde se realizaron las primeras reuniones
de la Asociación Amigos del Museo.


Gentileza:
Fundación Espigas

La nueva sede. Cabe destacar que el 23 de mayo de 1933 se había concretado el emplazamiento definitivo del Museo en su actual ubicación, que había sido la antigua Casa de Bombas de la Recoleta, donde se filtraban las aguas tomadas del río cercano y que había sido refuncionalizada por el arquitecto Alejandro Bustillo. Es decir que desde los inicios de su sede definitiva el Museo contó con el apoyo de la Asociación de Amigos.


Catálogo de la exposición
Rodin, 1934


Catálogo de "Un siglo de pintura francesa", 1933
 

En octubre de 1934 asumió la presidencia Alfredo González Garaño y se inauguró una muestra de esculturas de Auguste Rodin, que reunía por primera vez en un espacio público obras del escultor francés provenientes de colecciones privadas argentinas. Entre los coleccionistas que prestaron sus piezas estaban Antonio, Mercedes y Ramón Santamarina, Josefina Lezica Alvear de Bullrich y María G. de Guerrico.  

Desde aquellas primeras muestras de pintura francesa o de Auguste Rodin, numerosas fueron las exposiciones realizadas a lo largo de los años gracias al aporte de la Asociación, algunas antológicas, como por ejemplo "De El Greco a Tiépolo"; "De Cézanne a Miró";  "50 años de Bauhaus"; "El oro de Colombia"; "Cuatro maestros del surrealismo: Max Ernst, De Chirico, Magritte, Miró"; "120 años de Pintura española",  "Marc Chagall, 112 obras de la dación" y tantas más.

En aquellos primeros tiempos los Amigos encontraron una gran respuesta a sus inquietudes de parte del entonces director del Museo, Atilio Chiappori. Con el auspicio de la Asociación en ese año de 1934 se editó un Boletín que ayudó  a reflejar la importancia que gradualmente iba adquiriendo el Museo. También se dictaron numerosos cursos y conferencias, y se gestionaron becas, como la que los esposos Bliss le concedieron al arquitecto Alberto Prebisch, para estudiar en los Estados Unidos la organización moderna de los museos. 

Desde un comienzo la Asociación trabajó con ahínco para acrecentar el acervo artístico. Entre otras importantes adquisiciones para el Museo a lo largo de sus 75 años de vida se pueden destacar: "Virgen y niño" de Gherardo Starnina; "Retrato de Diego Martelli", de Edgar Degas; "Los caídos", de José Gutiérrez Solana; "Marie l'acrobate", de Ferdinad Leger; "El retrato de Mlle. Henault", de Jean Marc Nattier, y obras de importantes artistas argentinos. En 1990 se adquirió una importante colección de arte textil andino.
Claro que  los vaivenes económicos que caracterizaron a la segunda mitad del siglo XX también le marcaron a la entidad otros rumbos, menos ambiciosos, pero absolutamente vitales.
"Muchas veces el Museo pudo abrir sus puertas gracias a la Asociación Amigos". Sutilmente, la frase de Nelly Arrieta de Blaquier alude a necesidades básicas que el Estado no siempre puede garantizar.

Con una vinculación de 43 años con la Asociación, la presidente  de la AAMNBA habla con conocimiento de causa. Colaborar con el mantenimiento y la actividad del Museo en tiempos tan difíciles y desafiantes como los que corren, le significa permanentemente redoblar su creatividad en la búsqueda de fondos. Su trayectoria sintetiza también, en buena medida, una historia de empuje, de paciencia, de ideas, de tropiezos y, sobre todo, de grandes logros. 


Los cimientos y la obra. La mutación fue grande. Mucho oxígeno se renovó desde aquel amateurismo con esporádicos encuentros en domicilios particulares a este profesionalismo con reuniones periódicas en la sede de Av. Figueroa Alcorta 2280.

Aquellos entusiastas iniciadores jamás imaginaron que tanto tiempo después sus herederos concretarían una fiesta como la que en este 2006 reunió a 495 personas. En el Roof Garden del Alvear Palace Hotel, el año del 75 aniversario, marcó un nuevo hito con la ganancia neta de 297 mil pesos entre colores y ritmos de vanguardia de La Noche Pop.

Antes de convertirse en una verdadera Pyme -como la describe Nelly Arrieta de Blaquier- la Asociación Amigos atravesó por diferentes etapas. Y lo que hoy son importantes convocatorias (La Noche Pop tuvo sus antecedentes más cercanos en La Noche del Mantón en 2004 y La Noche del Sombrero en 2005), antes eran colectas de largo aliento. Una de las primeras en su tipo fue la que encabezó el entonces presidente Rafael A. Bullrich en 1939  para la compra de "El retrato de Diego Martelli", de Degas, que después de arduas negociaciones se logró adquirir en Londres por 65 mil pesos de la época, reunidos íntegramente con donaciones particulares.

 
Con el auspicio de la Asociación en ese año de 1934 se editó un
Boletín que ayudó a reflejar la importancia que gradualmente
iba adquiriendo el Museo.

Gentileza: Fundación Espigas

 
     
 
Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, pionero de la cardiología argentina, gran coleccionista de arte y hombre de fino espíritu, Rafael A. Bullrich – padre de la escritora Silvina Bullrich- presidió la Asociación Amigos hasta el día de su muerte, el 28 octubre de 1944.

La nota necrológica del Diario La Nación del día 29 destaca su acción en beneficio de la institución y cómo el Museo fue una de sus preocupaciones más constantes ya que había estado cerrado durante tres años y se reabrió sólo un mes antes de morir el doctor Bullrich.

Algunas décadas después, "El retrato de Diego Martelli" participaría de la retrospectiva de Degas que se realizó en 1984 en el Centro Cultural del Marais, en París, y fue la imagen elegida para el afiche promocional, lo cual resultó un honor para los argentinos, por tratarse de una obra del patrimonio de nuestro museo mayor.
A partir de 1945 se abrió un interregno en las actividades de la Asociación, que se reanudarían recién en 1956, con una nueva presidencia de Alfredo González Garaño a quien sucedería, en 1957, Enrique Nagel.

Puede leerse en una crónica del diario La Razón, de abril de 1958: "La Asociación de Amigos del Museo es una importante organización que ha tenido que reconstituirse y reanudar sus actividades. Hasta ahora tiene 300 socios, pero la conscripción continúa".

Juan Osvaldo Viviano lo sucedería en el período 58/59 y a partir de 1960 asumió Ernestina de Cánepa, cuya gestión marcaría un quiebre en la historia de la Asociación: en 1961, tres décadas después de la Asamblea fundacional, la institución comenzó a actuar como entidad civil sin fines de lucro. La resolución número 2226 del 16 de octubre de 1961 le confirió personería jurídica, pudiendo a partir de entonces recibir subsidios oficiales, abrir cuentas corrientes bancarias y celebrar contratos.

El control estatal, le imprimía así un rasgo de seriedad fundamental para el cumplimiento de sus finalidades.

En 1966 asumió Francisco Masjuán, un visionario empresario nacido en Barcelona, que fundó aquí Ipako (Industrias Petroquímicas Argentinas Koppers), actividad industrial que compatibilizó muy bien con su pasión por el arte. Su valiosa gestión al frente de la Asociación se extendió hasta 1970, año en que asumió Bonifacio del Carril, de recordada trayectoria, a su vez, al frente de la Academia Nacional de Bellas Artes. Su presidencia se extendería hasta 1973 y luego regresaría por un año, en 1976.

De 1973 a 1975 la presidencia estuvo en manos del arquitecto Juan Manuel Acevedo.

La expansión. Desde el 6 de julio de 1977, Nelly Arrieta de Blaquier dirige la institución. Para esa fecha, ya llevaba una experiencia de 14 años en la Comisión Directiva, los últimos cuatro como vicepresidente.

Veintinueve años y decenas de obras después, no es raro oírla decir: "Mi etapa ya está cumplida. Me gustaría que me reemplazara gente joven con la capacidad de aportar nuevas ideas".

Pero se lamenta: "Nadie me lleva el apunte, por eso sigo estando al frente".

En este 75 aniversario, la mujer de inimaginable generosidad que lidera la Comisión Directiva compuesta por 16 miembros, tiene sobrados motivos para festejar y no pocos méritos para saber que podrá despedirse tranquila cuando llegue la hora. El hecho de haber nacido apenas unos días después de aquel 22 de octubre de 1931 lo vive como una coincidencia premonitoria: al fin de cuentas, la Asociación ya es parte inseparable de su vida.

Sin duda, no le teme a la renovación. De allí que destaque con entusiasmo la incorporación de gente joven a la Comisión: María Delfina Mazzini de Blaquier, Felisa Larivière de Blaquier, Josefina Carlés de Blaquier, Jacinta Grondona de van Peborgh y Ximena Elizalde de Lechère. Nombres que vienen a sumarse a quienes la acompañan estrechamente desde hace años en las decisiones ejecutivas: Andrés von Buch, Mauro Herlitzka, Susana de Bary Pereda, Inés Barón Supervielle de Stegmann, Ángel Schindel, Germán de Elizalde, Aída Iraola de Barón Supervielle, Enrique Francisco Fornieles, Eduardo Carlos Grüneisen y Claudia Caraballo de Quentín.

Sobre las características de su gestión, Nelly Arrieta de Blaquier dice: "Entiendo que mi misión principal es conseguir fondos. A partir de allí, está claro que también invierto esfuerzos en educar a través del arte: sin educación, el país no tiene futuro".

Para el cumplimiento del primer objetivo, la presidente destaca el importante lugar que le asigna a los asociados. Divididos en seis categorías, todos ellos realizan un aporte fundamental dentro del presupuesto de la institución, que se completa con otros recursos tales como la contribución de empresas y la organización de cursos y seminarios, la venta de material didáctico, de reproducciones de obras del Museo, diapositivas, libros de arte y otros objetos exhibidos en sus dos stands de venta, en la sede de la Asociación y en el hall central del Museo.

Con una mezcla de originalidad y perseverancia, los actuales imanes que atraen fondos son la continuidad de otros que rindieron buenos frutos en su época. Atrás quedaron aquellas primeras Ferias de Anticuarios en lo que es hoy el Patio Bullrich, pero en tiempos en que todavía se subastaban animales en el lugar, o los desfiles de Estela Gatti, primero y de Gino Bogani después, o las ocho ediciones de la Feria del Sol, novedosa iniciativa de recolección de fondos que tuvo como marco el Palais de Glace.

Por amor al arte. Durante estos intensos años acompañando y apuntalando la actividad del Museo, se concretaron trascendentes realizaciones. En el año 1969, se inició la obra de ampliación y remodelación del Museo. La Asociación, como entidad intermedia, llevó adelante la tarea tomando a su cargo el control del proyecto, de la propia obra y de la administración de los fondos utilizados. Después de casi una década de trabajos la superficie de exhibición se incrementó en un 75 por ciento. El Museo se convirtió en un edificio con 10.000 m2 cubiertos, treinta y siete salas y una nueva sala audiovisual con capacidad para doscientas treinta personas. A las obras mencionadas se sumó la reparación y rehabilitación del Pabellón del Sesquicentenario, inaugurado para conmemorar los 150 años de la Revolución de Mayo. Esta obra se realizó gracias a los fondos aportados por la propia Asociación y por la Fundación Fortabat.

Más cerca en el tiempo, durante los años 2003, 2004 y 2005 la Asociación realizó la renovación museográfica y museológica de las salas del edificio de Av. Del Libertador 1473, que pasó a tener casi un millar de obras en exhibición y destinó el primer piso a la exposición de la colección permanente de arte argentino de los siglos XIX y XX. En el mismo período encaró la renovación de la magnífica biblioteca con 150 mil piezas bibliográficas, el arreglo del puente que conecta el edificio temporal con el pabellón de exposiciones temporarias y la instalación de un circuito de audioguía, en español y en inglés, con un sistema de última tecnología, entre muchas otras obras y concreciones.

Con el visitante como beneficiario pleno de los cambios, los resultados de tanto esfuerzo, de tanta dedicación, están a la vista.

La historia es de larga data, pero no perdió su sabor ni su sentido. Todavía queda mucho por hacer, pero si se piensa en el espíritu que animó a los precursores de la Asociación, hoy bien puede decirse: misión cumplida.
 
     

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